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Cómo se hacen estos hombres

Todas las imágenes de aquí están generadas. Vale la pena decirlo claro, porque la fórmula cubre dos prácticas muy distintas. Una consiste en escribir una frase y quedarse con lo que vuelve. La otra se parece a una sesión de fotos: decides el hombre, la habitación, la luz y el momento, y luego trabajas hasta que la imagen coincide con lo que tenías en la cabeza. Este catálogo hace la segunda.

Una temporada empieza por un hombre, no por una escena. Su cara, su complexión, su manera de sostenerse se fijan primero y se mantienen en todas las láminas — por eso el mismo hombre puede volver tres capítulos después y seguir siendo reconocible. Luego viene el lugar, y después la secuencia: cuarenta o cincuenta láminas que siguen una tarde, un turno, una noche, en el orden en que las vas a leer.

Lo que la máquina no decide: qué láminas sobreviven, en qué orden van, dónde para la temporada y hasta dónde llega. Cada una existe en tres registros, lo que significa que cada escena se compone tres veces en vez de filtrarse una. Las herramientas son nuestras, los hombres son inventados, y no se representa a nadie real.

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Las temporadas más recientes, en orden de publicación.